۞YO SOY DE ESAS PERSONAS QUE SIEMPRE TIENEN ALGUIEN A QUIEN AMAR۞


jueves, 6 de junio de 2013





El aire estaba engalanado de todo el frágil humo que desprendían las cientos de antorchas de aceite de citronela que coronaban los límites del vetusto puente Rialto. Las llameantes lumbres que desprendían sus mechas se reflejaban en las vinosas aguas del Piavea, jugando a través de sus pequeñas mareas a desfigurar tan bella estampa. La luna se hallaba vestida de gala en lo más alto de la reinante noche en una Venecia que se preparaba para dar rienda suelta a toda la magia presente en el ambiente y comenzar así sus carnavales. Al fondo de las empedradas calles se hallaba una gran alameda flanqueada por velas que desprendían delicadas fragancia a azahar, lavanda, jazmín...inundando todo aquel paraje de igual modo los caudales inundan las bellas calles de este pequeño paraíso del Véneto, éstas terminaban delante del suntuoso Palazzo Cavalli Franchetti. Allí se postraba, regio y austero, perfectamente iluminado hasta su último recoveco. Dos grandes cortinajes de terciopelo verde obscuro daban la bienvenida a la magnificente entrada de la morada. 

La fachada sólo era un sutil preludio de su fastuoso interior. Un apurado estilo neoclásico recorría aquel edificio metamorfoseándose en esbeltas columnatas toscanas y compuestas, infinitas bóvedas de crucería sostenían las cientos de lágrimas que caían delicadamente de las pomposas lámparas que nos iluminaban. El palazzo se había engalanado para la velada y había disfrazado sus marmóreas paredes de gasas indias para dar comienzo los carnavales y no ser menos que sus habitantes aquella noche. Entré asombrado ante semejante belleza. Iba disfrazado de Parsifal, el mítico caballero del Santísimo Grial, vestía a las espaldas una túnica de batista roja con un traje de caballero de tonalidades azules, me inspiré en el retrato de Ludwig II de Baviera para mi disfraz. La cabeza la llevaba cubierta con una sofisticada máscara de alas de pavo real guarnecida con una greca iraní en sus formas. Entré en el gran comedor y ví como toda la sociedad italiana se movía al son del Vals del Kaiser de Strauss, giraban y giraban delicadamente a lo ancho del gran salón. Las vaporosas vestiduras de las damas bailaban al mismo son que sus dueñas con sentida gracia. 

Todo el mundo se encontraba oculto tras espectaculares máscaras. Andé por allí sin estar seguro qué encontrar exactamente, me movía como un espectro esquivando los delicados vaivenes de todos aquello que bailaban. Me acerqué a la orchesta a escuchar de cerca e intentar ver como las melodías...las notas, claves, aracusas... salían de aquellos instrumentos para ascender hasta la elevada techumbre que nos aguardaba de la noche. Miraba a mi alrededor de desdeñosa manera viendo como el lujo y la ostentación eran los protagonistas de aquel carnaval. Había disfraces verdaderamente apurados; divinidades grecolatinas, reyes y reinas, personajes shakesperianos... un sinfín de bellos disfraces que como colofón final tenían las hermosas máscaras que los complementaban. Allí estaba ella, al fondo de aquel vasto salón, vistiendo un sofisticado traje color rojo pasión, la blanca palidez de sus desnudos brazos hacían perfecto contraste con ese rojo que cubría todo aquello que en la lejanía deseaba. 

Llevaba una gran mascara que cubría sus delicados ojos pero, desde la distancia, podía ver dos perlas azules que asomaban de allí y me miraban fijamente. Me dirigí hacia allí con rigurosa prisa, iba zigzagueando todos los emparejamientos  que se deslizaban por la sala de baile, apenas los rozaba mirándola fijamente. Tenía esa capacidad que únicamente tiene aquel que sueña de volar por todo lugar en busca del cometido de su sueño. Me acerqué a ella, allí estaba, la tenía ante mí. Le pedí bailar y la cogí delicadamente de su mano derecha, la lleve al centro de la gran sala y empezamos a bailar. De fondo sonaba Sangre Vienesa y nuestros cuerpos se acoplaban a las notan que alumbraban los instrumentos de la orchesta. En ese momento...todos desaparecieron. Únicamente estábamos ella y yo. El gran salón era para nosotros. 

Todos desaparecieron y nos cedieron lugar para amarnos a través del baile. Las máscaras ocultaban nuestros rostros pero no necesitaba verla para saber que tenía ante mí una preciosidad de delicada piel. Me rendí y me entregué a la música...a ella. Venecia brillaba en su esplendor, los colores adquirían alma y pigmentaban toda aquella noche mágica. 

Parecíamos flotar por aquel piso, no notaba la suela de mis zapatos en el frío mármol del suelo, algo nos hacía ascender hasta la altura del éxtasis. La música dejó de sonar...la sala volvía a llenarse de máscaras y risas. Siempre habían estado allí pero, por un momento, yo y ella los habíamos borrado de allí. Con una suave voz me dijo que la acompañase fuera. Aquella noche recorrimos Venecia con nuestras máscaras, todavía no quería descubrir su rostro, quería que el carnaval no terminase, disfrutar hasta última hora de aquel sueño. 

La Piazza di San Marco se encontraba bellamente decorada con guirnaldas, ambos paseamos por aquellas calles viendo nuestros reflejos en las cristalinas aguas.La besé, no pude remediarlo...la besé. Sus labios eran demasiado tentadores para no hacerlo...la volví a besar. 

Ella me devolvió el beso y se quitó la máscara. 

La vi, me enamoré de ella. La volví a besar... 

No podía creerlo.

Era la hija de Filippo Argenti, no sabe que maté a su padre en un duelo.  Pero la volví a besar...y la amé.

viernes, 10 de agosto de 2012

El Amor nos desgarrará...

domingo, 4 de marzo de 2012

Cuando en el final de los tiempos las tinieblas envuelvan al mundo y todas las almas errantes vaguen sin dirección… mi alma no parará hasta encontrarte perdida entre la desolación de nuestro género. Unido a ti... con la limpidez de tu mirada... no me será tan dolorosa la condena; pues tu compañía, siempre reconfortará el sufrimiento para eso que llamaremos Eternidad.

viernes, 17 de febrero de 2012


Una Noche en el Lago...

Todavía no sé si fue un vano sueño lo que viví anoche o si realmente mi cuerpo pudo presenciar todo aquello que vivió. Quedan reminiscencias en mi desdeñosa mente de todo lo que recuerdo… Oh, frívola vida…prémiame con otro sueño igual… Qué mi existencia se alimente únicamente de sueños si realmente aquello que viví fue un baladí sueño… Quiero ir otra vez… quiero pasar una noche más en el lago… ¿dónde estoy? Es esto la muerte… es posible que tan joven la parca de la muerte se me haya llevado… Isolda, Isolda…¿dónde estás? 

Recuerdo…

Los alrededores del palacio de Neuschwanstein se hallan tapizados de verdes bosques en los que tu mirada se puede perder en un sinfín de acolches verdosos rematados por marrones forjas que les dan forma y runa. El horizonte se pierde difuminando su color con el vinoso cielo de los atardeceres, parecen nubes acolchadas que delicadamente sostienen querubines y serafines de la Madre Naturaleza para demostrar una vez más su eximia grandeza. El atardecer de ayer era realmente bello, me encontraba en mi alcoba asomado en los grandes ventanucos de alabastro mientras el sol tímidamente se escondía tras los verdes bosques, refugiándose de la imperante luna que desde el más allá reclamaba su reino de la noche. Tan diferente es el sol cuando amanece que cuando atardece… todo su vigor y fuerza va perdiéndose en el sempiterno cielo para dar paso a la penumbra y la obscuridad. Había algo que me atraía a ese horizonte…algo que clamaba desde aquel finito confín mi presencia… Como absorto en mi propio delirio bajé apresuradamente las escaleras buscando ese algo que me llamaba…algo que ni siquiera sabía que era…

Allí se encontraba el vasto bosque ante mí. Las sendas se retorcían a mí camino, ora a la derecha, ora a la izquierda. Cientos de esqueléticos troncos se alzaban ante mí alargando sus tétricas ramas y sosteniendo unas hojas que miraban hacía el cielo en contemplación y armonía. Eran altos y curvados, los unos se juntaban con los otros formando una especie de abrazo que simulaba el cimborio de una catedral. Corría apresuradamente y no era yo quien me movía…una extraña fuerza me guiaba desde mis adentros hacía algún perdido lugar de todo aquel paraje. Cientos de caminos y sendas se postraban ante mí… Podía oír una melodía, algo que sonaba en el aire. Las hojas bailaban al son de aquella harmonía, caían delicadamente de los árboles balaceándose en el viento y dejándose guiar por aquella especie de vals que reinaba en el lugar ¿dónde me encontraba? Los pájaros salían de sus nidos y piaban con fuerza y vigor, sus vuelos jugaban con el movimiento de las hojas, cientos de ciervos trotaban por allí dirigiéndose a un único lugar. Seguí a todos los animales que, como si dotados de un alma humana, pudiesen sentir dicha al oír aquella sinfonía. Dos pajaritos de color azul turquesa me cogieron de la capa y me guiaron hacía allí; el lago.

Jamás presencié algo parecido, ante mí había un gran lago de cristalina agua que simulaba la más pura limpidez. Nunca vi agua parecida, parecía brotar de cada rincón de aquella arcadia hecha agua fuentes que formaban bellas figuras con sus caños. Una gran cascada caía delicadamente al lago inundando con su belleza todo aquel pantano. Cientos de rocas coronaban aquella alberca perfectamente circular. La música venía de allí, las antorchas que sostenían los conejitos y ciervos iluminaban todo aquel paraje. La luna rielaba en aquella beldad de agua. De repente, un remolino removía todo aquel lago formando una especie de embudo perfectamente simétrico. Todos los manantiales de las fuentes se dirigieron hacía esa tolvanera. La harmonía sonaba más y más fuerte… los pájaros volaban más y más alto envolviendo aquel ciclón de agua. Los dos pajaritos azules que me guiaron hacia aquel parnaso ahora estaban sosteniendo una bella tiara de gemas preciosas, esmeraldas, rubíes, topacios, diamantes… esa corona podía competir perfectamente con la luz de la luna porque tenía todas las de ganar, hasta ésta se escondía tímidamente tras de su corte de estrellas ante aquella lindeza. Una bella joven apareció del centro de aquel torbellino de agua. Nunca vi algo tan bello en este mundo ¿qué era aquello? Si la idea platónica de belleza se encontrase en el mundo sensible, sin lugar a dudas sería ella misma la dignísima portadora de ese título. Su piel simulaba las delicadas gasas trasparentes y frágiles que sólo se consiguen en la lontana Arabia. Sus ojos, como si de dos perlas se tratasen, habían conseguido destronar la luz que irradiaba la sublime tiara. Su cabello, despeinadamente perfecto, reposaba sobre sus bellos hombros de delicada manera. Bailando al son de la melodía que reinaba en aquel lugar vino hacía mí, totalmente perplejo y tremendamente enamorado de aquello que tenía ante mí bailamos por todo aquel paraje, como únicos testigos teníamos toda la corte de animales que ante nosotros se movían al son de la melodía que flotaba por el aire que respirábamos…

Me llamo Isolda y soy la reina de este lago, estoy condenada a vivir eternamente en él y salir únicamente cuando el sol se esconde, me dijó con una voz que música parecía. En aquel momento, la luz empezó a desaparecer… la luna se alejaba dejando tras de sí toda la luz que nos había iluminado. Un albor apareció tras de mí, el sol ya asomaba sus rayos reclamando todo lo que era suyo. Algo sucedía… algo se apagaba,

Isolda! Isolda!… ¿Dónde estás, Isolda?

Tristán!, me llamaba! No me abandones…Tristán!

Isolda! Isolda! ...

El lago se la llevó en un hercúleo remolino… Isolda, Isolda…

Me lancé al lago, cientos de olas me avallasaron y me tragaron, apenas podía salir…Isolda, Isolda!!!
Tristán, Tristán…no…

Ahora lo recuerdo todo… sueños, insustanciales sueños… Viví todo aquello que creía irreal, anoche amé a Odette y ese amor me llevó al suicidio en aquel lago.


Isolda apareció, la melodía volvió a sonar... el remolino de agua volvía brotar.

...Ahora éramos los dos los Reyes del Lago.


 *(Inspirado en el Lago de los Cisnes de Piotr Ilich Tchaikovsky)*

jueves, 8 de diciembre de 2011

Me quiere...no me quiere...me quiere...no me quiere... ¿me quiere?... No lo sé...

jueves, 1 de diciembre de 2011

¿En qué estás pensando...? Tú que siempre has sido tan realista...

jueves, 15 de septiembre de 2011



...Y fue entonces cuando empecé a soñar...